Mira, te voy a ser honesto. Cuando llegó Trim Z a mi consulta hace unos años, yo era de esos médicos que pone los ojos en blanco cada vez que alguien menciona un “nuevo producto milagroso” para bajar de peso. He visto demasiadas promesas vacías, demasiados pacientes frustrados. Pero esto era diferente. No era un suplemento dietético común, era un dispositivo médico con una fundamentación fisiológica que, francamente, me hizo detenerme y prestar atención.