Mire, después de 18 años manejando pacientes con VIH, he visto de todo. Desde los cócteles tóxicos de los 90 hasta las maravillas farmacológicas de hoy. Y déjeme decirle, Tenvir-EM representa un punto de inflexión que muchos colegas aún no terminan de apreciar completamente. Cuando empecé en infectología, recuerdo a un paciente, llamémosle Roberto, 34 años, diagnosticado en 1997. Su régimen incluía zidovudina, lamivudina y un inhibidor de proteasa. Doce pastillas diarias, horarios imposibles, y efectos secundarios que destruían calidad de vida.