La primera vez que me encontré con Morr F de manera formal fue en un congreso de medicina funcional en Barcelona, 2019. Un colega argentino, el Dr. Martínez, lo mencionó casi de pasada mientras discutíamos casos de pacientes con fatiga crónica que no respondían a los protocolos convencionales. “Es como si el cerebro necesitara un reset metabólico”, dijo, mientras me pasaba el blister. Yo, escéptico por naturaleza y quemado por décadas de suplementos que prometían montañas y entregaban granos de arena, lo archivé mentalmente.