La primera vez que vi una Kenadion Injection fue en un paciente con un síndrome de desgaste tan severo que parecía literalmente estar disolviéndose. Recuerdo que era un hombre de 67 años, posquirúrgico de cáncer gástrico, que llevaba tres semanas sin poder tolerar ni siquiera agua. Su albúmina estaba en 2.1, tenía edemas en miembros inferiores y una sarcopenia que daba miedo. El equipo de soporte nutricional ya había intentado todo: suplementos orales, sondas nasogástricas, incluso nutrición parenteral parcial.