Mire, cuando empecé a ver pacientes con fatiga crónica en mi consulta, allá por 2018, me sentía frustrado. Teníamos diagnósticos, sí, pero las opciones terapéuticas eran limitadas. Estimulantes, antidepresivos, cambios en estilo de vida… nada parecía abordar el núcleo del problema. Hasta que un colega del Hospital Clínic me comentó sobre un dispositivo que estaba usando en Suiza: Iversun. Al principio fui escéptico -otro gadget más- pero los datos preliminares eran prometedores.