Mira, voy a ser honesto contigo desde el principio. Cuando empecé a recetar Humira hace unos quince años, no tenía ni idea del impacto que este fármaco iba a tener en mi práctica clínica. Recuerdo el primer paciente que traté con adalimumab - una mujer de 43 años, María, con artritis reumatoide severa que llevaba años usando metotrexato sin mucho éxito. Llegaba a consulta arrastrando las piernas, con manos deformadas y una mirada que mezclaba esperanza y escepticismo.