Mire, voy a ser honesto con usted: cuando empecé mi residencia en ginecología y obstetricia hace quince años, pensaba que el ácido fólico era solo “esa vitamina que las embarazadas toman”. Que ingenuo fui. No fue hasta que vi mi primer caso de espina bífida en una ecografía de las 20 semanas que entendí realmente lo que estábamos previniendo. Ese día, la teoría se convirtió en carne viva. El ácido fólico, también conocido como folato o vitamina B9, no es un suplemento más en el estante de la farmacia.