Mira, déjame contarte algo que aprendí en mis primeros años como dermatólogo residente. Teníamos una paciente, Marta, 34 años, que llegó desesperada porque había gastado una fortuna en cremas de farmacia “antiaging” que no funcionaban. Su piel tenía ese aspecto como de papel arrugado, con manchas solares y un acné tardío que no la dejaba en paz. Le receté tretinoína al 0,05%, y a los tres meses volvió llorando… pero de felicidad.